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Leptis Magna: La urbe africana del emperador Severo

Situada en la actual Libia, Leptis Magna conformó en el pasado una importante urbe del Imperio Romano, con un puerto que facilitó el crecimiento de la ciudad como notable centro de comercio en el Mediterráneo y el Sahara. Una ciudad que alcanzó su apogeo a principios del año 193, con el ascenso al trono imperial de Lucio Septimio Severo, emperador oriundo de Leptis y nieto de uno de los magistrados que gobernaron la ciudad, convirtiéndose en el gran mecenas de la urbe e iniciando bajo su dirección un ambicioso programa de construcción que convirtió a Leptis Magna en una de las más importantes ciudades de África, llegando a rivalizar incluso con Cartago y Alejandría. Como testimonio de estos años de grandeza, aún podemos contemplar los vestigios de sus monumentos públicos, su magnífico puerto, su mercado, sus almacenes, sus talleres y sus barrios de viviendas. Sin embargo, durante los siglos siguientes, Leptis comenzó a sucumbir bajo las crecientes dificultades del Imperio Romano, y tras de la conquista árabe acaecida en el año 642, la ciudad cayó en desgracia y fue sepultada paulatinamente por la arena durante siglos, siendo a día de hoy una de las urbes romanas mejor conservadas del mundo.

Los orígenes de la ciudad de Leptis se remontan al año 1100 antes de Cristo, cuando fue fundada por bereberes y probablemente por colonos fenicios, aunque no alcanzó gran relevancia hasta que Cartago se convirtió en una gran potencia del Mediterráneo en el siglo IV a.C. La urbe se mantuvo como parte de los dominios de Cartago hasta el final de la Tercera Guerra Púnica, pasando ya a formar parte de los dominios de Roma. Sus más antiguos monumentos latinos datan de la época de Augusto y Tiberio, siendo estos su teatro, la plaza principal del mercado y un arco monumental. La ciudad siguió perteneciendo a Roma hasta el reinado del emperador Tiberio, cuando Leptis Magna y el área vecina se incorporaron formalmente al imperio como parte de la provincia romana de África.

Tras conocer su mayor esplendor bajo la potestad del emperador Septimio Severo desde finales del siglo II hasta comienzos del siguiente, el declive del imperio romano en los siglos venideros socavó la importancia de Leptis y su comercio, y ya a mediados del siglo IV, gran parte de la urbe había sido abandonada. Ya en el año 439, Leptis Magna y las demás ciudades de Tripolitania cayeron bajo el dominio de los vándalos cuando su rey Genserico conquistó estas tierras. El rey ordenó destruir las murallas que guarecían la ciudad para disuadir cualquier intento de rebelión, por lo que en el año 523, un grupo de bereberes saqueó la ciudad, ya sin defensas, causando daños a los propios vándalos y a la población. Diez años más tarde, Belisario reconquistó Leptis Magna en nombre del Imperio bizantino, convirtiéndose en capital provincial, por lo que se erigieron muros defensivos y fue fortificada, aunque nunca se recuperó de la destrucción causada por los bereberes. Finalmente, con la conquista árabe de Tripolitania a mediados del siglo VII, la ciudad ya había sido abandonada salvo por una guarnición bizantina, quedando condenada definitivamente al olvido con la segunda invasión árabe acaecida en el siglo XI.

Hoy en día, las ruinas de Leptis Magna conforman uno de los más impresionantes legados del Imperio Romano, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 1982. Una ciudad que demuestra una realización artística única en el ámbito de la planificación urbana de la dinastía Severa. Una ciudad que fue erigida durante el reinado de Augusto y Tiberio, pero que fue totalmente remodelada según los ambiciosos planes de los emperadores Severos, convirtiéndose en una de las más bellas urbes del imperio, presentando importantes elementos monumentales de la época que denotan un nuevo arte romano, tales como el foro, la basílica o el arco de Septimio Severo, fuertemente influenciados por las tradiciones orientales y africanas, presentando innovadoras tallas y esculturas en su definición lineal de las formas, en la nitidez de sus contornos y la delineación angular de sus volúmenes. Entre otros elementos notables de la ciudad, cabe destacar su puerto, con una cuenca artificial de más de cien mil metros cuadrados, con sus muelles, embarcaderos, fortificaciones, áreas de almacenamiento y templos, conformando una de las grandes obras de arte de la tecnología romana, con su dique y su canal diseñados para regular el peligroso curso del Wadi Lebda. Otro elemento destacable de la urbe es su mercado, un elemento esencial en la vida cotidiana y un gran centro de intercambio cultural, presentando sus bellos arcos, sus columnatas y los vestigos de sus tiendas que en su mayor parte aún se conservan. Además, los almacenes y los talleres son testigos de la actividad comercial e industrial de esta imponente ciudad, al igual que sus foros, sus templos, sus baños, el teatro, el circo o su formidable anfiteatro, con capacidad para albergar hasta dieciséis mil almas.


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Talla decorativa de Lucio Septimio Severo. Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
David Holt


Teatro de Leptis Magna. Libia.
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Anfiteatro de Leptis Magna. Libia.
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Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland


Las ruinas de Leptis Magna. Libia
Ben Sutherland