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Las terrazas de arroz de Ifugao: Los milenarios campos colgantes de Filipinas

Las célebres terrazas de arroz de Filipinas han simbolizado a lo largo de los siglos la fusión de un entorno natural, socio-cultural, económico, religioso y político para los pueblos locales. Un paisaje de incomparable belleza ubicado en las remotas cordilleras de la isla norte de Luzón, en el archipiélago de Filipinas, que comenzó a ser modelado por los hombres hace ya dos mil años. Un increíble patrimonio que se encuentra a unos mil quinientos metros de altura sobre el nivel del mar, abarcando una extensión de más de diez kilómetros cuadrados de tierras montañosas. Unas terrazas que fueron erigidas por la etnia Ifugao, una comunidad minoritaria que ha ocupado estas montañas durante milenios. Un paisaje cultural que ha pasado de generación en generación, integrando un ejemplo perdurable de esta antigua civilización que debió superar múltiples obstáculos y que siempre ha potenciado sus costumbres cooperativas en comunidad, demostrando el conocimiento de los ciclos lunares en la productividad y la calidad de sus cultivos, la planificación y conservación de los suelos o el empleo de un régimen natural de control de plagas a través del procesamiento de diversas plantas aromáticas.

Estos campos colgantes de arroz se establecieron a gran altitud, con gran cuidado y precisión, descendiendo por pronunciadas pendientes de hasta setenta grados, erigiendo muros de piedra o paredes de barro para represar el agua necesaria para el cultivo, esculpiendo los contornos naturales de colinas y montañas para poder subsistir en estas escarpadas y fértiles tierras. Un esfuerzo titánico al que se suma el desarrollo de sus intrincados sistemas de riego que captan el agua de los bosques ubicados en las cimas de estas montañas, asegurando un suministro adecuado para mantener las terrazas inundadas y distribuir el agua equitativamente, pues ninguna terraza obstruye el flujo en su camino a la siguiente. Un complejo sistema compuesto por pequeñas presas, acequias, tubos de bambú y conductos subterráneos empleados para los propósitos de irrigación y drenaje, que, junto a su elaborado sistema de producción, reflejan un práctico dominio de la ingeniería agrícola empleada en la región durante dos mil años prácticamente sin cambios.

Dentro de la gran extensión de terrazas que dominan las cordilleras de Filipinas, destacan cinco grupos de ellas por su intacto e impresionante paisaje. Ubicadas en el municipio de Banaue podemos encontrar las terrazas de Bangaan y de Batad, donde podemos contemplar la belleza de los aldeas tradicionales de la etnia Ifugao o sus cultivos de arroz semicirculares dispuestos en torno al pueblo. Las de Nagacadan, con sus terrazas de arroz organizadas en dos filas ascendentes que son atravesadas por un río. Las de Hungduan, cuya forma parece recordarnos a la de una tela de araña, y las de Mayoyao, que se caracterizan por sus hermosas terrazas intercaladas con las viviendas y graneros tradicionales de los agricultores.

Estas aldeas aún conservan algunas de las viviendas tradicionales de la etnia ifugao, que nos presentan su techos piramidales de paja abrigando a una única habitación, elaborada en madera y alzada sobre el suelo por cuatro postes, a la que se accede por una escalera de mano que se retira por las noches. Estos grupos de viviendas forman pequeñas aldeas relacionadas entre sí por lazos familiares, junto a las cuales pueden observarse sus célebres graneros de madera que alojan tallas de deidades o sus cestas relicarios donde se conservan los restos de los sacrificios consagrados a los ritos ceremoniales agrícolas. A poca distancia de estos grupos de viviendas se suele localizar una colina ritual, generalmente señalizada por la presencia de palmas de areca, donde se ubica una choza abierta donde los hombres santos habitan y realizan sus ritos.

Algunas de estas aldeas tradicionales de la provincia de Ifugao se vieron afectadas en la década de 1950 por la conversión de sus miembros al cristianismo, afectando al desempeño de las prácticas tribales y rituales que eran esenciales para mantener el compromiso humano que ha conseguido armonizar a la naturaleza y al hombre en estas tierras desde hace milenios. Aunque hoy en día las prácticas tribales coexisten con el cristianismo, estos paisajes de terrazas continúan siendo muy vulnerables debido a los cambios sociales y tecnológicos que han motivado a muchos de los nativos a trasladarse a las grandes urbes, limitando la fuerza de trabajo agrícola necesaria para mantener estos amplios cultivos. Unas alteraciones sociales a las que hay que sumar el cambio climático, que ha mermado los acuíferos naturales de la zona, al mismo tiempo que los terremotos han alterado la ubicación de las fuentes de agua, provocando el derrumbe de algunas de las presas de estas terrazas y afectando a los canales de riego.

El paisaje cultural de las terrazas de arroz de Ifugao ilustra la gesta de un pueblo que ha mantenido durante dos mil años un sistema agrícola sostenible en terrenos montañosos, pues las tribus de la Cordillera son de los pocos pueblos de Filipinas que han resistido con éxito a la dominación extranjera, preservando una cultura tribal que ha desarrollado a lo largo de los siglos esta increíble ingeniería del paisaje declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 1995.


Banaue, Filipinas: Las terrazas de arroz de Batad
Adi Simionov


Las terrazas de arroz de Banaue, Filipinas
jojo nicdao


Vivienda tradicional en las terrazas de arroz de Banaue, Filipinas
Ken Marshall


Las terrazas de arroz de Batad, Filipinas.
Beyond Neon


Las terrazas de arroz de Banaue, Filipinas
Fiona Wong


Las terrazas de arroz de Batad, Filipinas.
Momo


Vivienda en las terrazas de arroz de Batad, Filipinas
Beyond Neon


Las terrazas de arroz de Batad, Filipinas.
Momo


Las terrazas de arroz de Batad, Filipinas.
Beyond Neon


Las terrazas de arroz de Batad, Filipinas.
Madeleine Holland


Las terrazas de arroz de Batad, Banaue, Filipinas.
Madeleine Holland


Las terrazas de arroz de Batad, Banaue, Filipinas.
Madeleine Holland


Arrozal de Batad, Banaue, Filipinas.
Momo