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El Monasterio de Rila: Un baluarte de la identidad eslava

En el corazón del macizo de Rila, en el profundo valle del río Rilski, entre picos que se elevan hasta casi tres mil metros y conforman las más altas montañas de Bulgaria y de los Balcanes, se halla un monumento ejemplar del Renacimiento Búlgaro que simboliza la identidad cultural eslava tras siglos de dominación otomana. El Monasterio de Rila fue fundado en el siglo X por San Juan de Rila, un eremita canonizado por la Iglesia Ortodoxa. Su austera morada y su tumba se convirtieron con el tiempo en suelo sagrado, donde se erigió un conjunto monástico que desempeñó un importante papel en la vida espiritual y social de la Bulgaria medieval. Un monasterio que fue pasto de las llamas a comienzos del siglo XIX, siendo totalmente reconstruido entre los años 1834 y 1862.

En esta zona dominada por la belleza de los bosques y las imponentes cumbres vivió el ermitaño Ivan Rilski, evangelizador de los pueblos eslavos. Nacido en el año 876 después de Cristo, su hagiografía nos narra como vivió santamente en el hueco de un árbol tallado en forma de ataúd, y como su fama de santidad se extendió por el país, por lo que acudieron a estas zonas montañosas numerosos fieles que querían seguir su ejemplo. En sus últimos años, a escasa distancia del lugar donde vivió como un anacoreta, fundó el monasterio para albergar a todos los monjes ermitaños que quisieron acompañarlo en su retiro y meditación. Una estructura que fue completamente destruida en el siglo XIII por el fuego, aunque un nuevo edificio fue erigido a pocos kilómetros del lugar de la primera fundación, siendo finalizado en el siglo XV, gracias a las donaciones de Stefan Hrelyu, un poderoso príncipe local que ordenó en el año 1355 la construcción de la torre que lleva su nombre y una iglesia dedicada a Ivan Rilski, quien para entonces ya había sido canonizado bajo el nombre de San Juan de Rila.

Durante la dominación otomana de Bulgaria, este monasterio adquirió el papel de baluarte de la identidad nacional frente a la ocupación extranjera. Se convirtió en un destino de peregrinación de toda la región de los Balcanes, sobre todo tras el año de 1469, cuando las reliquias del santo fueron trasladas al nuevo santuario. El complejo continuó sirviendo a este cometido en los siglos posteriores, sobre todo en los siglos XVIII y XIX, cuando se convirtió en una de las insignias del Renacimiento Búlgaro. Las estructuras existentes, con la excepción de la Torre Hrelyu, se remontan al proyecto de construcción del siglo XIX, ocupando una gran área que toma la forma de un cuadrado irregular provisto de dos entradas decoradas con frescos. La estructura que rodea a la iglesia principal presenta cuatro capillas, un refectorio y unas trescientas celdas que conforman los aposentos de los monjes, así como una biblioteca y habitaciones para los huéspedes del monasterio. Este complejo se dispone en torno a un extenso patio interior, cercado entre estas construcciones de tres y cuatro pisos ornamentadas con hermosos arcos sobre columnas de piedra que dan forma a sus galerías y fachadas, engalanadas con un juego cromático entre el blanco del yeso y las tonalidades rojas y negras de sus ladrillos, denotando la influencia mameluca a través de sus cúpulas o de su ornamentación a rayas, unos motivos muy populares en el Imperio Otomano tras la conquista de Egipto.

Las paredes y las bóvedas de las galerías exteriores de la iglesia principal nos muestran los hermosos y célebres frescos del Monasterio de Rila, cubriendo casi cada rincón de este templo y conformando un asombroso espectáculo para los visitantes. Estos frescos, terminados en 1846, son el resultado del extenuante trabajo de numerosos maestros pintores procedentes de la ciudades de Bansko, Samokov o Razlog, incluyendo a los famosos hermanos Dimitar y Zahari Zograf, por lo que se precisa de bastante tiempo para apreciar cada uno de los detalles que nos revelan sus innumerables pinturas. Gran parte de estas imágenes hacen referencia al Apocalipsis y al Juicio Final, presentándonos a demoníacos seres con alas de murciélago o escenas de terribles sufrimientos.

El Monasterio de Rila conforma una imponente obra de arte que impresiona por su grandeza e historia, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1983, integrando el más antiguo monasterio del mundo eslavo, así como el más grande centro religioso en activo del país. Un lugar donde la arquitectura y la pintura se funden armoniosamente. Un punto de preservación y difusión de la cultura religiosa en todas sus manifestaciones y el símbolo de una identidad continuamente amenazada por la dominación turca.


El Monasterio de Rila. Bulgaria.
Dennis Jarvis


Fresco en el Monasterio de Rila. Bulgaria.
Dennis Jarvis


El Monasterio de Rila. Bulgaria.
Elizabeth Skene


El Monasterio de Rila. Bulgaria.
Donald Judge


Fresco en el Monasterio de Rila. Bulgaria.
Dennis Jarvis


El Monasterio de Rila. Bulgaria.
Xiquinho Silva


El Monasterio de Rila. Bulgaria.
Xiquinho Silva


Fresco en el Monasterio de Rila. Bulgaria.
Xiquinho Silva


El Monasterio de Rila. Bulgaria.
Kyle Taylor


Detalle de un fresco en el Monasterio de Rila. Bulgaria.
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Entrada trasera del Monasterio de Rila. Bulgaria.
Dennis Jarvis


Frescos en las paredes del Monasterio de Rila. Bulgaria.
Dennis Jarvis


Fresco en el Monasterio de Rila. Bulgaria.
Dennis Jarvis


Fresco en el Monasterio de Rila. Bulgaria.
Dennis Jarvis


Monasterio de Rila. Bulgaria.
jeaneeem


Monasterio de Rila. Bulgaria.
macchi