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Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz

Cercadas entre riscos rocosos, las antiguas aldeas de las montañas Haraz conservan su belleza de antaño, con sus campos de cultivo dispuestos en terrazas que descienden las pendientes de estas hermosas cumbres coronadas por construcciones de piedra, tejiendo una red de senderos a lo largo de las quebradas para unir los incontables pueblos fortificados que se aferran a los picos más inaccesibles. Aquí, en Jabal Haraz, se centra nuestra entrada de hoy, en esta pintoresca y montañosa zona de Yemen ubicada entre las ciudades de Saná y Al Hudayda.

Debido a su ubicación entre las llanuras costeras de Tihama y la ciudad de Saná, estas montañas han conformado a lo largo de la historia un punto estratégico, por lo que la arquitectura de estas aldeas responde en primer lugar a una necesidad defensiva. Cada aldea de Haraz conforma un pequeño baluarte dispuesto en lo alto de un cerro, provisto de una o dos puertas de entrada fácilmente defendibles. Unas viviendas erigidas en piedra arenisca o basalto, que parecen mimetizarse a la perfección con su entorno, como pueblos que surgen de la roca. Un hermoso paisaje que ha sido modelado durante siglos por sus habitantes, consolidando su entorno y dividiendo las laderas en pequeñas terrazas de cultivo encerradas entre muros de piedra. Unos campos colgantes donde crece la alfalfa para alimentar al ganado, así como el mijo, las lentejas, el café, y por supuesto, el qat, un estimulante vegetal que se masca, consumido tradicionalmente en Yemen.

Entre las diversas aldeas que pueblan las montañas Haraz cabe destacar a Manakha, una antigua y próspera ciudad. Un lugar donde confluyen los lugareños de las regiones circundantes, que acuden a comerciar en la gran plaza del mercado, desde donde se extiende el casco antiguo del siglo XII. Manakha conformó históricamente una fortaleza natural para la defensa de la ciudad de Saná. Gracias a su privilegiada ubicación, situada en un anticlinal y a una altura de unos mil quinientos metros sobre el nivel del mar, las empinadas laderas sobre las que se erige hicieron innecesarios los muros defensivos para su protección. Desde Manakha, un sendero a lo largo de la montaña nos conduce hasta las alturas de Al Hajarah, a dos mil metros sobre el mar, cuyo nombre podría traducirse como "la rocosa", la más hermosa aldea de las montañas Haraz. Su ciudadela fue fundada en el siglo XII por la dinastía Sulaihid, quienes convirtieron estas montañas en su bastión. En Al Hajarah tenemos la oportunidad de contemplar algunos de los mejores ejemplos de la arquitectura de montaña en Yemen, emplazada en la cima de un impresionante acantilado donde las prominentes casas están construidas en la roca sin cimientos, donde sus oscuras piedras hacen aún más hermosas las blancas pinturas que decoran sus fachadas, subrayando su bicromía. Estas elevadas casas de piedra de hasta cinco pisos nos recuerdan a torres defensivas, construidas de forma contigua, conformando un sólido muro de protección que presenta una única y estrecha entrada hasta el pueblo, sellada con una pesada puerta de madera. Una aldea que se alza sobre la desigual superficie de la roca, testigo de la destreza de los maestros constructores yemeníes.

Otra de las más bellas aldeas de Haraz es Jabal Shahara, ubicada en una cima a dos mil seiscientos metros de altura sobre el mar. Un pueblo que conforma una impresionante villa fortificada en la montaña, donde su mezquita y las veintitrés cisternas de la ciudad dan paso a su famoso y bello puente de piedra que data del siglo XVI, construido por el arquitecto Saleh Al-Yaman, uniendo dos montañas sobre un abismo de más de trescientos metros de profundidad, lo que nos proporciona una idea del riesgo que debió entrañar su construcción. Llegar hasta lo alto de la pequeña población supone una odisea que vale la pena, disfrutando de extraordinarias vistas de senderos y terrazas hendiendo la montaña. Aunque sin lugar a dudas, es necesaria una excelente forma física para culminar este peregrinaje que se prolongará durante varias horas de ascenso. Una extenuante senda que servirá para recordarnos el motivo por el que los otomanos no fueron capaces de conquistar este pueblo sobre la cima de la montaña.

Hoy en día, la carretera principal que conduce desde la costa del Mar Rojo hasta Saná ofrece algunas de las mejores panorámicas de Yemen, pues las terrazas y los pueblos de los alrededores de Manakha están considerados como los más bellos del país. Un lugar donde se encuentra el Jabal Shibam, el pico más alto de la región, dominando un paisaje aislado entre montañas que conserva desde hace siglos la arquitectura y las costumbres de sus gentes. Un hermoso patrimonio propuesto para su inclusión en las listas de la Unesco.


Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
Rod Waddington


Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
Rod Waddington


Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
Rod Waddington


Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
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Kahil, Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
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Kahil, Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
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Hababa, Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
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Al Mahwit, Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
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Hajjra. Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
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Construcción abandonada en Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
Rod Waddington


Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
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Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
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Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
Franco Pecchio


Las aldeas fortificadas de Jabal Haraz. Montañas Haraz. Yemen
Rod Waddington


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Rod Waddington


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