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La catedral de Lincoln: El edificio más alto del mundo desde 1311 hasta 1549

Descendiente de vikingos, Guillermo el Conquistador fue el primer rey de Inglaterra de origen normando, extendiendo un reinado, desde el año 1066 hasta su muerte en el 1087, marcado por la construcción de un gran número de castillos y fortalezas para afianzar su control, así como el asentamiento de la nueva nobleza normanda en la isla y el cambio total en la composición del alto clero inglés. La primera catedral de Lincoln fue también erigida por orden de Guillermo, un paso más para afianzar el sello de los normandos en el país que habían invadido. Las labores de construcción de esta primera catedral, de la que sólo subsiste una parte de la fachada principal, fueron supervisadas por el obispo Remigio de Fécamp, un monje benedictino que fue el primer obispo normando de la diócesis más grande de la Inglaterra medieval, extendiéndose desde el estuario del Humber al Támesis. La catedral de la diócesis había estado hasta entonces en Dorchester, cerca de Oxford, pero en el año 1072 Guillermo decidió que el obispado debía trasladarse a Lincoln, donde ya había erigido un castillo ubicado en la esquina suroeste de la antigua ciudad romana. La nueva catedral fue construida con la piedra caliza del condado de Lincolnshire, frente al castillo.

Esta antigua catedral, de estilo normando, fue finalizada en el año 1092, siendo consagrada dos días después de la muerte de Remigio. Tan solo cincuenta años tras su conclusión, la mayor parte del edificio fue pasto de las llamas, siendo el obispo Alexander de Lincoln quien reconstruyó y expandió la catedral. Un hombre que había viajado y conocido mundo, estando familiarizado con la arquitectura más avanzada de su época. Aunque la mala suerte parecía cebarse con esta catedral, que sería nuevamente destruida por un terremoto unos cuarenta años más tarde, en el año 1185.

Tras el seísmo, fue designado un nuevo obispo, San Hugo de Lincoln, originario de Avalon, Francia, quien comenzó a trabajar en la reconstrucción de la catedral en el año 1192 bajo un marcado estilo del gótico inglés, donde los arcos apuntados sustituían al modelo arqueado redondo característico de la arquitectura normanda. Esta nueva catedral pronto incorporó otros avances arquitectónicos, como arbotantes y bóveda de crucería, que permitieron la creación de vidrieras de mayor tamaño. Las historias que circulan sobre San Hugo de Lincoln nos narran su gran preocupación por los hombres y mujeres comunes, llegando a enfrentarse a los propios reyes para protegerlos. También se dice que el extenso programa de reconstrucción y expansión de la catedral fue costeado por la propia población local, aportando sus ahorros para el titánico esfuerzo emprendido por el devoto obispo, siendo un claro ejemplo de ello el célebre porquerizo de Stow, un hombre fiel empleado en el cuidado de los cerdos del obispo, que donó todos sus ahorros para ayudar a la labor de los artesanos canteros, carpinteros y vidrieros que erigían la nueva catedral, y cuya estatua se encuentra en lo alto de la torre noroeste acompañando a la de San Hugo en el suroeste. Con el paso de los años, San Hugo terminó por convertirse en el santo inglés más conocido junto a Tomás Becket, por lo que durante la Edad Media la catedral de Lincoln integró un importante centro de peregrinación donde se alojaban sus reliquias.

Dado el carácter experimental de la arquitectura gótica en estos años, se produjeron diversos errores a la hora de proyectar las estructuras, que derivaron en el colapso de la torre central entre los años 1237 y 1239, por lo que en el año 1255 se pidió permiso a Enrique III para utilizar una parte de las murallas de la ciudad para expandir la catedral, incluyendo la reconstrucción de la torre principal y su chapitel, ampliando las capillas de los tiempos de San Hugo para proporcionar un mayor espacio que permitiese acomodar al creciente número de peregrinos que acudían a venerar al santo.

Ya entre los años 1307 y 1311 la torre central fue alzada hasta su impresionante altura actual de 83 metros, elevándose imponente sobre los tejados de la ciudad medieval de Lincoln, mientras las torres y la fachada occidentales también fueron remodeladas, ganando en altura. En esta época, las tres torres fueron coronadas con tres elevados chapiteles de aguja elaborados en madera, alcanzando en su torre central una altura de 160 metros, conformando el edificio más alto del mundo durante la Baja Edad Media. Un récord que ostentaría por más de dos siglos, desde el año 1311 hasta el 1549, momento en que su monumental aguja se derrumbaría por causa de una tormenta. Un impresionante edificio en el que continúan su labor una treintena de hombres y mujeres, artesanos vidrieros, maestros en sillería o carpintería que perpetúan un acto de creación iniciado hace ya casi mil años, continuando con un ciclo de restauración que se ha dilatado durante casi un siglo en esta asombrosa estructura que es, quizás, la más bella pieza de la arquitectura de las Islas Británicas.


La catedral de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
Lee Haywood


Vista de la catedral de Lincoln desde las murallas del Castillo de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
Martin Pettitt


La catedral de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
Martin Pettitt


Vista del interior de la catedral de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
Michael D Beckwith


La catedral de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
Karen Roe


Vidriera interior de la catedral de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
Nigel Swales


La catedral de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
Lee Haywood


La catedral de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
Roger Ward


La catedral de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
Anthony Stewart Vardy


Vidriera de la catedral de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
J Guffogg


La catedral de Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra.
Martin Pettitt


La catedral de Lincoln sobre la antigua ciudad medieval, Lincolnshire, Inglaterra
Ryan Lea