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Matsumoto: El castillo del cuervo

El castillo Matsumoto, también conocido por el nombre de Karasu-jo o "El castillo del cuervo", debido a los negruzcos tonos que presenta su estructura, integra uno de los más bellos exponentes de las fortalezas hirajiro de Japón. Un castillo que se alza sobre llanuras pantanosas en lugar de erigirse sobre una colina o montaña. Unos anegados terrenos que obligaron a sus constructores a erigir tan sólida estructura durante el periodo Sengoku, una época dominada por la guerra civil.

Los orígenes del castillo se remontan a los albores de la era Eishō, en el año 1504, cuando Shimadachi Sadanaga, del clan Ogasawara, inició la construcción de una fortaleza en este emplazamiento conocida como castillo Fukashi. Aunque esta fortaleza cobró su forma actual cuando Toyotomi Hideyoshi, el soberano feudal que unificó Japón, conocido por sus invasiones de Corea o por establecer el famoso edicto que prohibía a todos aquellos que no fuesen samuráis portar armas, concedió el dominio del castillo Matsumo a Ishikawa Norimasa y su hijo Yasunaga. Éstos, construyeron el "tenshu" o torre principal del castillo, el foso, la muralla más interior, el segundo y tercer patio, así como los subsuelos del castillo tal y como pueden apreciarse hoy en día, jugando además un papel decisivo en la disposición de la ciudad que crecía en torno a la fortaleza. Los historiadores creen que el castillo fue completado a finales del siglo XVI, aproximadamente entre los años 1593 y 1594, aunque otras estructuras del complejo como las torres de vigilancia del ala izquierda fueron construidas en 1635.

Durante casi tres siglos, desde que fue completado el castillo hasta la abolición del sistema feudal en la denominada Restauración Meiji, este imponente bastión fue gobernado por veintitrés señores de Matsumoto, que representaron a seis diferentes familias daimyō. Un título que se otorgaba al soberano feudal desde el siglo X al siglo XIX en la historia de Japón, y que se traduce literalmente como "gran nombre". Un señor que gobernaba desde esta solemne estructura, símbolo de su autoridad, alcanzando una altura de treinta metros a lo largo de sus seis diferentes plantas, aunque solo cinco de ellas son visibles desde el exterior.

El castillo de Matsumoto presenta una estructura de madera erigida sobre un muro de piedra de siete metros de altura, contando con numerosas características defensivas, como las saeteras dispuestas para permitir a los arqueros su defensa desde el interior o las aberturas para dejar caer piedras sobre los invasores, así como una plataforma de observación en la parte superior a la que se accede a través de elevados peldaños y empinadas escaleras interiores de madera que recorren sus plantas, ideadas para ralentizar el avance del enemigo. A día de hoy, el patio interior se ha convertido en una zona ajardinada, ya que la mayor parte de las antiguas construcciones interiores no han podido conservarse, pero pese a ello, el castillo se muestra cercado por este hermoso parque alzándose sobre las aguas y realzando aún más la propia belleza de este monumento, testigo de un periodo en el que los castillos feudales fueron perdiendo su función defensiva para convertirse en símbolos de ostentación y prestigio.

Hoy en día, el oscuro castillo del cuervo se alza imponente en este entorno de gran belleza escénica, haciendo gala de una hermosa alternancia de bandas claras y negras a lo largo de sus muros, que sumados a su elegante tejado, dotan a toda la estructura de una gran armonía, conformando uno de los cuatro castillos designados como "Tesoros Nacionales" en Japón, exhibiendo el "tenshu" más antiguo que permanece en pie en el país del sol naciente. Un hermoso patrimonio que estuvo a punto de ser demolido durante la Era Meiji, aunque gracias a los esfuerzos de Ryozo Ichikawa, una figura influyente en la localidad a finales del siglo XIX, y a las donaciones de los propios habitantes de la ciudad de Matsumoto, se consiguió adquirir la estructura y salvarla de su ruina. Unos titánicos esfuerzos que posibilitaron una reconstrucción posterior que duró doce años y que evitó su desaparición tras más de cuatro siglos en pie.


El castillo de Matsumoto. Prefectura de Nagano. Japón.
Charlotte Marillet



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El castillo de Matsumoto. Prefectura de Nagano. Japón.
Ken Funakoshi


Detalle de un muro de piedra del castillo de Matsumoto. Prefectura de Nagano. Japón.
Ken Funakoshi


El castillo de Matsumoto. Prefectura de Nagano. Japón.
Sander van Malssen


El castillo de Matsumoto. Prefectura de Nagano. Japón.
Gonzalo Malpartida


El castillo de Matsumoto. Prefectura de Nagano. Japón.
Ken Funakoshi


El castillo de Matsumoto. Prefectura de Nagano. Japón.
Ken Funakoshi


El castillo de Matsumoto. Prefectura de Nagano. Japón.
Ken Funakoshi


El castillo de Matsumoto. Prefectura de Nagano. Japón.
Oxag