Pin It

Widgets

La etnia Dong y el Puente del Viento y la Lluvia

Hoy nos trasladamos al mágico entorno rural del país más poblado del mundo, concretamente a la provincia de Guangxi, donde conviven diversas minorías étnicas reconocidas por la República Popular China, como los zhuang, los miao, los yao o los dong. Dentro de esta provincia se delimitaron diversos condados autónomos para favorecer la relación entre los diferentes grupos étnicos, liberando a sus habitantes de determinadas leyes, como la que decreta el control de natalidad, además de fomentar su cultura y el empleo de su propia lengua. Entre estos condados autónomos que alberga Guangxi se encuentra Sanjiang, donde se centra nuestra entrada de hoy, célebre por sus tradicionales aldeas y las construcciones en madera erigidas por la etnia Dong.

Los dong son descendientes de los yue, una de las diversas tribus que habitaban estas tierras del sur de China entre los siglos V y IV antes de Cristo. El idioma de los dong es el kam, una lengua de tipo sino-tibetana que se ha transmitido oralmente durante siglos, ya que hasta el año 1958 no contaron con un sistema de escritura para transcribirlo. Durante las dinastías Qin y Han ( 221 aC - 220 dC ) los descendientes de los yue vivieron como esclavos, conformando el estrato más bajo del orden social y protagonizando diversas rebeliones, aunque ninguna de ellas supuso un éxito a largo plazo para su pueblo, permaneciendo bajo el yugo de la esclavitud hasta la Dinastía Tang, cuando la sociedad mudó hacia un modelo feudal. Durante los siglos siguientes, los dong convivieron con las etnias de los zhuang y los miao, absorbiendo muchos aspectos de su cultura y su idioma.

Durante el pasado siglo, muchos dong se vieron forzados a abandonar su medio rural debido a la necesidad, olvidando los lazos con su cultura y su lengua y mezclándose con la etnia han, el mayor grupo étnico de China, constituyendo el 92% de su población total y aproximadamente el 20% de la población mundial. En la actualidad, se han iniciado diversas tentativas para preservar la cultura y la identidad de los dong como pueblo, un hecho que hay que sumar a la mejora de las condiciones de vida en estas zonas rurales, ayudando a los dong a permanecer en sus tierras en lugar de verse forzados a trasladarse a los grandes núcleos urbanos.

Las condiciones de vida de los dong son sencillas y similares a la de otros grupos minoritarios circundantes. Sus hogares, al igual que el resto de su arquitectura, integran un motivo de orgullo para su pueblo, construidas en madera sin emplear clavo alguno, ensamblando las vigas entre sí y logrando que sus casas se sustenten más de cien años. Estas, suelen ser bastante amplias, con una planta baja destinada para los animales y el almacenamiento de cereales, contando con varias salas en el primer y segundo piso para acomodar a la familia, y en ocasiones, con un ático destinado a secar el grano. Estas aldeas tradicionales suelen contar con un grupo de unas veinte o treinta viviendas, aunque las de mayor tamaño pueden albergar hasta setecientas. Según una antigua tradición dong, cuando nace un niño se planta un abeto en su honor, y cuando este niño cumple los dieciocho años se considera que el árbol ya es adulto, procediendo a talarlo para construir con su madera la nueva casa en la que habitará el joven.

Otro de los elementos arquitectónicos que definen la arquitectura dong son las llamadas "Torres del Tambor", una traducción de un término chino, ya que antiguamente cada aldea contaba con una torre provista de un tambor, empleado para anunciar las horas, cerrar las puertas de la muralla o convocar a la población. En la actualidad, la función de las torres de los dong difiere considerablemente de este cometido, desempeñando un papel religioso y social muy importante para la vida de las aldeas. La Torre del tambor es, de hecho, la identificación material del espíritu de la comunidad, integrando el más importante lugar de reunión para los dong, por lo que algunos autores los han bautizado como la "Cultura de las Torrres del Tambor".

Además de estas hermosas estructuras tradicionales, a lo largo de los siglos, el pueblo dong ha alcanzado gran notoriedad en la construcción de puentes para salvar los numerosos ríos de estas regiones del sur de China, presentando un estilo arquitectónico único. Estos puentes cuentan con galerías y pagodas que ofrecen refugio en los días lluviosos, por lo que los lugareños han elegido un hermoso nombre para denominar este tipo de estructuras, "los puentes de viento y lluvia". A través del condado autónomo de Sanjiang tenemos la oportunidad de contemplar unos ciento ochenta puentes erigidos por los dong, siendo el Puente del Viento y la Lluvia de Chengyang el más famoso de todos ellos, reconocido como una obra maestra de la arquitectura de este pueblo.

El Puente de Chengyang, también conocido como Puente de Yongji o Puente de Panlong, fue finalizado a principios del pasado siglo, en el año 1912, contando con una longitud total de 64,4 metros y un ancho cercano a los cuatro, alzándose unos diez metros sobre el río Linxi. El puente se encuentra junto a una de las ocho aldeas tradicionales dong que alberga el distrito de Chengyang, sirviendo de enlace entre los pueblos y conformando un punto de paso realmente concurrido.

Su hermosa estructura nos presenta una fusión entre puente, verandas o galerías techadas y las clásicas pagodas de madera chinas. La estructura cuenta con dos plataformas de acceso en cada extremo y cinco pabellones y diecinueve galerías a lo largo del trayecto. Los pilares que lo sustentan sobre las aguas del Linxi son de piedra, mientras las estructuras superiores de madera, con una superficie pavimentada con tablas y una techumbre revestida de tejas. Las barandillas laterales, las cornisas y las columnas que sustentan las galerías se encuentran exquisitamente talladas, revelando la habilidad de sus artesanos. Tal y como es costumbre en las construcciones dong, no se emplearon clavos para apuntalar la madera, realizando una ensambladura a cola de milano. Esta, se realiza practicando un corte en forma de trapecio en el extremo de una viga, encajándola así en un hueco similar de otra pieza, para que se abrace a ella apretadamente, sin que pueda salirse ni moverse. Una antigua técnica constructiva que ha permitido al puente permanecer inamovible sobre las aguas del río desde hace ya más de cien años. Además de sus evidentes funciones como elemento para salvar el río o cobijar a los transeúntes de los elementos, los dong creen que estos puentes les permiten ahuyentar a los demonios, así como proporcionar buenas cosechas, felicidad, suerte y bendiciones para sus aldeas.

Entre los lugareños se narra una fábula vinculada a la construcción del puente en este emplazamiento. Según cuenta la leyenda, en una aldea cercana al lugar vivía en el pasado una joven pareja de recién casados, conocidos en la región por la gran belleza de ella y el gran talento de él. Como todos los días, cogidos de la mano cruzaban el antiguo puente sobre el río tras una dura jornada de trabajo. Sin saberlo, un monstruoso cangrejo moraba bajo el puente, codiciando desde largo tiempo la belleza de la mujer. Empleando las artes de la brujería, el abominable ser convocó una ráfaga de viento para atraer y secuestrar a la joven, llevándola consigo. Abrumado por el dolor, el marido vagó por las orillas del río durante varios días sin poder comer ni beber. Sus lágrimas, colmadas de profundo pesar, se sumían en el río como collares de perlas, fulgurando como estrellas bajo las aguas e iluminando los reinos de lo subterráneo. Conmovido por el amor de este hombre hacia su esposa, un pequeño dragón arriesgó su propia vida para rescatar a la mujer de las mismas pinzas del colosal crustáceo. Finalmente, tras dar caza y acabar con la vida del temible cangrejo, logró reunir a la pareja de nuevo. Para mostrar su eterna gratitud hacia el dragón, erigieron un puente sobre el río, al que llamaron "el puente del dragón ondulado", tallando en él la imagen del mitológico guardián y estableciendo la tradición de que una vez que el puente se derrumbase, los aldeanos construirían uno nuevo en el mismo lugar. Por supuesto, a día de hoy no es posible contemplar el antiguo puente mencionado en esta fábula, aunque se dice que el dragón todavía mora en el río, siendo uno de los lugares predilectos para los amantes.

A través de la belleza escénica del distrito de Chengyang podemos contemplar veinticuatro puentes de viento y lluvia y treinta y una torres de tambor, enmarcadas en tan bucólico paisaje de la China tradicional. Un pintoresco lugar bañado por las aguas del río Linxi y tapizado por los árboles que crecen en las colinas, donde los campesinos realizan sus quehaceres bajo el tenue chapoteo de los molinos de agua. Una tierra famosa por sus festivales, donde los dong pueden hacer gala de sus artes musicales con el lusheng, un instrumento típico de esta región. Un pueblo que a lo largo de su historia ha optado por vivir en las riveras de los ríos, desarrollando gran maestría en la construcción de puentes en madera y piedra, tal y como atestigua el majestuoso Puente del Viento y la Lluvia de Chengyang, propuesto para su inclusión como Patrimonio de la Humanidad en las listas de la Unesco.


Puente del Viento y la Lluvia. Chengyang. Provincia de Guangxi. China.
gill_penney


Aldea de Chengyang construida por la etnia dong. Provincia de Guangxi. China
gill_penney


Puente del Viento y la Lluvia de Chengyang. Provincia de Guangxi. China
gill_penney


Puente del Viento y la Lluvia. Chengyang. Provincia de Guangxi. China.
Zhangzhugang - Wikipedia


Puente del Viento y la Lluvia. Chengyang. Provincia de Guangxi. China.
Zhangzhugang - Wikipedia


Puente del Viento y la Lluvia. Chengyang. Provincia de Guangxi. China.
Zhangzhugang - Wikipedia