Pin It

Widgets

Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado

A finales del siglo VIII, el emperador Kanmu decidió la construcción de una nueva capital, trasladando la sede de la Corte imperial y otras instituciones en el año 794. Dicha ciudad fue nombrada como Heian-kyo o "Ciudad Capital", erigida a imagen y semejanza de las grandes urbes de la antigua China. Esta ciudad conocida en la actualidad como Kioto, fue la capital imperial de Japón desde su fundación hasta mediados del siglo XIX, atesorando el núcleo de la cultura y la tradición japonesas durante más de un milenio. Durante la Segunda guerra mundial Kioto fue la única gran ciudad japonesa que no resultó bombardeada por la fuerza aérea estadounidense, integrando un testigo único del desarrollo de la arquitectura nipona, así como de su arte paisajístico que ha influido en el diseño de los jardines de medio mundo.

Nuestra entrada de hoy nos traslada a esta histórica ciudad que aglutina algunos de los monumentos más representativos de la cultura japonesa, como el Palacio Imperial, el Castillo Nijō o el Santuario Heian, además de muchos otros monumentos también reconocidos por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Hoy, centraremos nuestra atención en el Kinkaku-ji, el Templo del Pabellón Dorado, un hermoso ejemplo de la arquitectura tradicional en madera así como de su integración con la belleza escénica del estanque y la vegetación de los jardines circundantes.

Erigido en las colinas del norte de Kioto en al año 1398, quinto año de la era de Oei, por orden de Ashikaga Yoshimitsu, tercer shogun del shogunato Ashikaga, fue concebido inicialmente como un lugar de retiro para el general, conformando el lugar donde pasó sus últimos días. A la muerte de Yoshimitsu el edificio se convirtió en un templo budista de la escuela zen, de acuerdo con la última voluntad del shogun. Ya a finales del siglo XV, durante la conocida como rebelión de Ōnin, prácticamente todos los edificios que conformaban el complejo residencial del shogun fueron incendiados, aunque el Pabellón Dorado no sufrió daño alguno.

Tras haber sobrevivido milagrosamente durante cinco siglos el templo original fue pasto de las llamas a mediados del siglo XX, el 2 de julio de 1950, tal y como relata el libro de Yukio Mishima, “El Pabellón de Oro”, publicado en 1956. El escritor nos detalla el incendio de este famoso templo, joya de la arquitectura religiosa budista, a manos de un joven novicio de veintidós años, Hayashi Yoken, torturado desde niño por su tartamudez y dominado por el rencor y la ambición frustrada. El joven monje intentó suicidarse tras la agresión al templo, aunque sobrevivió y fue detenido por las autoridades que lo condenaron a siete años de prisión. Hayashi Yoken fue puesto en libertad cinco años más tarde debido a su severa enfermedad mental, falleciendo de tuberculosis en septiembre de 1956. Debido a este terrible incendio el templo original fue destruido, así como la estatua del shogun Ashikaga Yoshimitsu. Según cuenta la historia, el motivo que el joven novicio argumentó para destruir el templo fue su antipatía hacia tal belleza.

La estructura actual del Pabellón Dorado fue reconstruida en 1955 supuestamente fiel al original, aunque existen ciertas dudas sobre si se empleó pan de oro para revestir el primer templo. Ya en el año 1984 la cubierta de laca se encontraba deteriorada, por lo que se aplicó una nueva capa, al igual que un nuevo recubrimiento de pan de oro empleando una lámina mucho más gruesa que en la primera restauración, de 0,5 micras. Este revestimiento fue aplicado a las dos últimas plantas del templo, confiriéndolo sus característicos tonos dorados. De hecho, el nombre de Kinkaku se deriva de la hojas de pan oro que revisten el pabellón, añadiendo además un significado subyacente, pues el oro se empleaba para purificar y mitigar la contaminación de los pensamientos o los sentimientos negativos hacia la muerte. Otra posible razón para su empleo podría deberse a simples fines decorativos, respondiendo a la costumbre durante el período Muromachi por los excesos visuales, una etapa considerada como la época dorada de la cultura Zen, erigiendo un templo que resaltase por los áureos destellos provocados por la luz solar reflejadada en su superficie, que a su vez se refracta sobre las tranquilas aguas del estanque.

El templo se alza majestuoso unos trece metros de altura, a lo largo de los cuales cada una de sus plantas nos revela un estilo diferente de la arquitectura japonesa. El primer piso, conocido como Shinden-zukuri o la Cámara de las Aguas, posee un estilo inspirado en los palacios aristocráticos del período Heian, caracterizados por las construcciones móviles de módulos de madera que se podían abrir hacia el jardín, conformando una gran habitación cercada por una baranda y separada del interior por persianas móviles articuladas en su parte superior que se baten hacia el cielo raso, llamadas shitomido, lo que permite una perfecta entrada de la luz y el aire a su interior. El segundo piso es el Buke-zukuri o la Torre de las Ondas de Viento, de estilo samurai, conformando un recinto cerrado que también cuenta con una balaustrada a su alrededor. Esta planta alberga en su interior una estatua del bodhisattva de la compasión, Avalokiteshvara, conocido como Kannon en el país del sol naciente, venerado por la corriente principal del budismo Zen, una de las ramas del budismo mahayana. El tercer piso, conocido como Kukkyoo-choo, cuenta con hermosos ventanales, con un característico estilo de templo Zen, guardando en su interior una triada de budas y veinticinco figurillas bodhisattvas.

El Templo del Pabellón Dorado se emplea como un shariden o sala cuadrangular donde se cobijan las reliquias de Buda. El techo está construido con listones de madera de ciprés y está rematado por un fénix chino o fenghuang, elaborado en bronce dorado, contando con un magnífico jardín japonés inmediatamente adyacente. El estanque que se ubica frente al templo es el Kyōko-chi o el Espejo de Agua, donde se pueden observar numerosos islotes y piedras que representan la historia de la creación budista, inspirado en la obra del maestro japonés del Zen Musō Soseki, nacido en el siglo XIII y célebre por su labor como calígrafo, poeta y diseñador de arte paisajístico.

La belleza escénica del templo y su entorno convierten a Kinkaku-ji en uno de los edificios más fotogénicos y emblemáticos de Japón. La perfección y sencillez de sus líneas y proporciones se combina con los destellos que reverberan sobre un espejo de agua a sus pies. Un majestuoso diseño organizado bajo los ancestrales preceptos del feng shui, con las montañas de Kinugasa al norte y el estanque de Kyōko-chi al sur. Una arquitectura y un paisaje artificial ideados hace ya más de seiscientos años, cuya visión debía ofrecer al espectador una experiencia sobrecogedora.


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
sorimachi.tw


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
Burt Lum


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
Burt Lum


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
Kai 'Oswald' Seidler


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
Ryan Kilpatrick


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
Jennifer Feuchter


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
ajari


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
ajari


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
ajari


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
Malcolm Browne


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
Robert Young


Kinkaku-ji: El Templo del Pabellón Dorado, Kioto, Japón
Kimon Berlin