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La Torre de Hércules: El último faro romano del mundo

En estas costas bañadas por el océano Atlántico, que se muestra implacable como el devenir del tiempo, la Torre de Hércules ha guiado con su luz el tráfico marítimo desde los albores de nuestra era. Erigida bajo las órdenes del arquitecto romano Cayo Sevio Lupo en el siglo I después de Cristo, este faro milenario constituía el emblema y la entrada al antiguo Portus Magnus Artabrorum, o el Gran Puerto de los Ártabros, integrando el único faro de la antigüedad grecorromana que sigue desempeñando su función y bregando con los elementos desde hace casi dos mil años. La torre formaba parte de una cadena de señalizaciones marítimas entre las que se contaban los ya desaparecidos faros de Alejandría, Ostia y Nápoles o el propio Coloso de Rodas.

La mitología y la historia se han fundido entre sí a lo largo de los siglos, dejando tras de sí la leyenda de un gigante llamado Gerión, rey de la antigua ciudad de Brigamtium, en la actual provincia de A Coruña, al noroeste de la Península Ibérica. El coloso imponía a sus súbditos severos tributos, como ceder la mitad de todos sus bienes o incluso a su propia descendencia como contribución. Los vasallos pidieron ayuda desesperadamente, por lo que Hércules acudió en su auxilio. El héroe mitológico retó al gigante a un duelo, y tras una titánica batalla, al fin le dio muerte, enterrando sus restos en la zona y erigiendo un túmulo que coronó con una gran antorcha. Tras la gesta, Hércules fundó una ciudad donde los vasallos no sufrirían a manos de su cruel señor. Al parecer, la primera persona en acudir a esta nueva ciudad fue una mujer llamada Cruña, por lo que Hércules puso tal nombre a la localidad.

Dejando a un lado la leyenda, la historia nos revela que en el año 61 antes de Cristo recaló en estas tierras una expedición romana dirigida por el propio Julio César, en busca de la ruta del estaño de los fenicios. Los naves de la expedición amarraron en Brigantium con la intención de construir un puerto y un asentamiento comercial, aunque desde el siglo II antes de Cristo los romanos ya habían colonizado esta región atraídos por las riquezas minerales de la zona, donde la escasa población local, de origen celta, estaba principalmente dedicada a la pesca. Este nuevo puerto de Brigantium jugó un papel importante durante las Guerras Cántabras ocurridas entre los años 29 y 19 antes de Cristo, aunque una vez restablecida la paz, se confirmó su papel estratégico en las rutas comerciales, así como en una base de retaguardia para la conquista de las islas británicas mientras Galicia se romanizaba progresivamente.

En este emplazamiento y bajo el nombre de Farum Brigantium, la Torre de Hércules fue construida probablemente en el siglo I después de Cristo, entre los reinados de Nerón y Vespasiano, basándose en los hallazgos arqueológicos datados entre los años 40 y 80 de nuestra era. Ubicado en la plataforma superior del faro, un pequeño refugio abierto cara al mar contaba con una gran pira que permitía a los marineros identificar su posición, siendo probable que contase con columnas empleadas para establecer una alineación que permitiera a los navegantes tener una referencia fiable de posición durante la difícil entrada al puerto. Esta plataforma superior abarcaba unos 11,75 metros cuadrados, rodeada por una rampa en espiral que permitía el acceso a ella, mientras la torre se asentaba sobre una base de 18 metros cuadrados. De los 57 metros que mide en la actualidad la Torre de Hércules, 34 metros corresponden a la construcción romana, siendo el resto producto de las remodelaciones posteriores.

El empleo de la torre como faro probablemente persistió durante largo tiempo mientras se mantenía vigente el Imperio Romano, aunque perdió tal función durante la Alta Edad Media, desempeñando su papel como fortificación y como torre de vigilancia. Históricamente es complicado determinar con exactitud el uso y mantenimiento de la torre, aunque parece que fue abandonada tras las invasiones vikingas que tuvieron lugar entre los años 854 y 856. Las crónicas medievales mencionan la creación de un fuerte y una pequeña ciudad conocida como Burgo de Faro Novo en esta ubicación, entre los siglos XI y XII. La torre era conocida en estos años bajo el nombre de Castellum Pharum, empleada para fines defensivos y como puesto de observación, lo que muy probablemente la salvó de acabar en ruinas.

El desarrollo urbano de la localidad se inició a finales del siglo XII, bajo el reinado de Fernando II de León, quien gobernaba los territorios del reino de León y Galicia. Durante los años siguientes se menciona a la torre como Turrin de Faro, lo que sugiere un retorno a su función original, aunque la rampa de acceso parece haber estado en ruinas durante estos años, tal vez como resultado del uso de la torre con fines defensivos en los siglos precedentes. Ya a partir del siglo XIV, A Coruña se convirtió en uno de los puertos más grandes del reino, enriqueciéndose como punto de unión entre la culturas de los pueblos del norte de Europa y el mundo mediterráneo, por lo que su función como faro fue completamente restaurada. La Torre de Hércules ya suponía un importante símbolo para la ciudad en el siglo XV, integrando el principal motivo heráldico en el sello de la urbe. Durante estos años se reutilizaron los sillares de granito de las partes colapsadas de la torre para erigir otras edificaciones, hasta que un decreto municipal establecido en el año 1557 prohibió esta práctica para asegurar su conservación.

Fue en el año 1682 cuando el Duque de Uceda encargó la restauración arquitectónica al arquitecto Amaro Antune, que construyó una escalera de madera que atravesaba las bóvedas hasta la parte superior, donde se sitúan dos pequeñas torres para soportar los fanales. La Torre de Hércules tomó su forma actual, con un marcado estilo neoclásico, a finales del siglo XVIII, entre los años 1788 y 1806, bajo la dirección de Eustaquio Giannini. En esta remodelación su altura se elevó de manera significativa, así como la consecuente reconstrucción de la escalera interior y la fachada exterior. La lámpara y el sistema de iluminación del faro también fueron sustituidos para incluir las más recientes innovaciones de la época, siendo reemplazados de nuevo en 1847 por un sistema catadióptrico muy eficiente compuesto de espejos y lentes de Fresnel para reflejar y refractar la luz. Ya en el año 1926, el faro fue equipado con iluminación eléctrica por primera vez, con su haz de luz visible desde un máximo de 32 millas náuticas.

La Torre de Hércules integra el último eslabón que resta de las antiguas señalizaciones marítimas del mundo romano. Un faro secular que ha facilitado el tránsito de los navíos a través del golfo Ártabro y la peligrosa costa de Gallaecia, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 2009. Un lugar donde historia y leyenda descansan sobre la cabeza del gigante Gerión. Un emplazamiento donde quizás se encontraba la Torre de Breogán, una torre legendaria que aparece en el ciclo mitológico irlandés. Un lugar desde donde Ith, hijo de Breogán, habría avistado las costas de Irlanda. Una posibilidad que se ve acrecentada por el topónimo que los romanos dieron a la región, Brigantium, que probablemente derive de Breogán, correspondiendo a la tradición romana de identificar a sus propios dioses con los autóctonos.


La Torre de Hércules. Galicia. A Coruña.
Jaume Meneses


La Torre de Hércules. Galicia. A Coruña.
Jaume Meneses


La Torre de Hércules. Galicia. A Coruña.
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La Torre de Hércules. Galicia. A Coruña.
Jaume Meneses


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