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El castillo de Neuschwanstein: La fantasía de un rey loco

Durante el siglo XIX y principios del XX surgían nuevas tendencias arquitectónicas afianzadas en los sentimientos nacionalistas característicos del romanticismo. Esta arquitectura historicista imitaba los estilos de épocas pasadas, siendo claros ejemplos el estilo neogótico, el neobarroco o el neomudéjar en el caso de España. En el año 1864, en esta época de pura fantasía romántica, accedía al trono de Baviera Luis II, conocido como "el rey loco". Este excéntrico gobernante idealizó desde niño los libros caballerescos y las fantasías medievales, volcando sus esfuerzos en la construcción de tres majestuosos palacios: Linderhof, Herrenchiemsee y Neuschwanstein.

Continuando la tradición de su familia, que había erigido castillos por toda Baviera, Luis II empleó su fortuna personal para su construcción. El joven rey había quedado profundamente influenciado por las óperas Tannhäuser y Lohengrin de Richard Wagner, pues estas obras representaban una visión romántica de la Edad Media que le fascinaba. Además, sus viajes a los castillos de Wartburg y Pierrefonds en 1867 comenzaron a fraguar en su mente la forma de un castillo idealizado del medievo, ayudado por el artista Christian Jank, quien colaboró a bosquejar sus fantasías.

La construcción del castillo de Neuschwanstein se inició en el año 1869, en una época en la que las murallas, los baluartes defensivos y las fortificaciones carecían de utilidad práctica desde un punto de vista estratégico. Con una finalidad más decorativa que defensiva, las líneas del castillo nos recuerdan a un majestuoso decorado teatral. Un castillo sacado de un cuento de hadas que se armoniza con la belleza del paisaje, alzándose imponente sobre el desfiladero de Pöllat en los Alpes Bávaros.

A medida que el castillo iba cobrando forma, los caprichos del excéntrico rey se imponían a la funcionalidad, tomando extravagantes decisiones que modificaban el plan original y dilataban cuantiosamente el presupuesto inicial. Debido a estas fantasías y desvaríos reales, un modesto cuarto de trabajo según los planos originales terminaba por convertirse en la sala del trono, así como una de las estancias para acoger a los visitantes se transformó en una sala árabe que finalmente no pudo completarse por falta de liquidez. Las ideas del rey fueron tornando sus salas y habitaciones en lugares decorativos más que residenciales, como el "Cuarto de las Damas", que evoca el segundo acto de Lohengrin, por lo que a pesar de su inmenso tamaño, el palacio solo contaba con alojamiento para el rey y sus sirvientes. Debido a estos y a muchos otros antojos reales, la fecha de conclusión de la obra, planeada inicialmente para 1872, tuvo que ser pospuesta en diversas ocasiones.

Recorriendo las numerosas salas del castillo podemos encontrarnos con continuas referencias a leyendas y personajes medievales como Tristán e Isolda o Fernando el Católico, además de continuas reseñas y alusiones a la obra del compositor Richard Wagner, simulando un inmenso escenario teatral habitable. Además de su fantasiosa decoración interior, el castillo de Neuschwanstein contaba con auténticas obras maestras de artesanía, como una cocina que aprovechaba el calor siguiendo los planos elaborados por Leonardo da Vinci, una completa red de luz eléctrica o una cascada que el monarca podía contemplar desde su habitación.

Los excesos en los costes de construcción terminaron por malograr la economía del rey, por lo que tuvo que depender de préstamos para continuar. Ya en el año 1883 sus deudas ascendían a siete millones de marcos de oro y en el año 1885 se vio amenazado por un posible embargo, mientras los allegados al trono se encontraban cada vez más preocupados al ver como lapidaba la fortuna familiar con sus delirios medievales. Las disputas sobre las deudas del rey terminaron por provocar su incapacitación el 11 de Junio de 1886. Esa misma noche, Luis II de Baviera se vio forzado a abandonar Neuschwanstein, al que nunca más regresaría, cuando apenas llevaba 172 días en este castillo al que había dedicado la mayor parte de sus esfuerzos. Un palacio para cuya construcción se empleararon únicamente a trabajadores y materiales bávaros, evitando las importaciones extranjeras por designio real. Un hecho que ayudó a desarrollar una poderosa industria artesanal que a día de hoy convierte a Baviera en uno de los enclaves industriales más poderosos del país teutón.

Luis II de Baviera pasó sus últimos días bajo atención psiquiátrica, con un diagnóstico de esquizofrenia paranoide, aunque se ha sugerido que no padecía tal enfermedad y que se trataba de una artimaña elaborada por su familia para arrebatarle el trono y poner fin a sus excesos. Tan sólo dos días después de su incapacitación como rey, en el atardecer del 13 de junio de 1886, Luis II salió a pasear acompañado de su médico en los alrededores del lago de Starnberg. En la noche de ese misma día, los dos hombres fueron hallados muertos, ahogados en las aguas del lago, evidenciando un posible asesinato para evitar nuevas interferencias en la fortuna familiar.

Luis II fue un rey melancólico, aficionado desde niño a los cuentos de hadas, a una visión romántica y apasionada del medievo tan propia de su época. Un hombre que deseaba vivir en un mundo de fantasía. Un rey al que se le atribuía una relación amorosa con la emperatriz de Austria Sissi, aunque estos rumores carecen de evidencias reales, pues se conocen varios enamoramientos del rey con diversos hombres, como la estrella de teatro húngara José Kainz o el principal caballerizo de la casa real, Richard Hornig. Además, los escritos copiados de su diario, junto con cartas privadas y otros documentos personales que han sobrevivido, sugieren que Luis luchó contra su homosexualidad, intentando suprimir sus deseos y mantenerse fiel a los dogmas católicos. Un hombre que fue el gran mecenas de Richard Wagner, al que admiraba desde que era príncipe heredero, dotando a su palacio de un estilo claramente marcado por la obra del ilustre compositor alemán, que jamás visitó Neuschwanstein.


El Castillo de Neuschwanstein en Baviera, Alemania
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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Mosaico del salón del trono. Castillo de Neuschwanstein en Baviera, Alemania
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Salón del trono. Castillo de Neuschwanstein en Baviera, Alemania
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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El Castillo de Neuschwanstein, Baviera, Alemania.
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