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Riga: La capital del art nouveau

Durante el transcurso de la "Belle Époque", en el período comprendido entre los últimos años del siglo XIX y el estallido de la Primera Gran Guerra del siglo XX, surgió una arquitectura nueva y libre. Una corriente propia del modernismo conocida como "art nouveau" en Francia, "jugendstil" en los países nórdicos o "modern style" en los anglosajones, caracterizada por la inspiración en la naturaleza a la vez que se incorporaban novedades propias de la revolución industrial. Cuando reflexionamos sobre este estilo arquitectónico, nos vienen a la mente ciudades como París, Bruselas o Viena, aunque realmente, la ciudad histórica que alberga la mayor concentración de edificios de este estilo es Riga, la capital mundial del art nouveau.

Riga, capital de Letonia, alberga en el interior de su centro histórico un auténtico tesoro arquitectónico, inscrito como Patrimonio Mundial por la Unesco. Un legado que comenzó a forjarse durante el período comprendido entre los siglos XIII y XV, cuando la ciudad prosperó gracias al comercio con Europa Central y Oriental, gracias a su adhesión a la Liga Hanseática, concibiendo una urbe que reflejaba la prosperidad y el progreso de su sociedad, aunque la mayoría de estas estructuras de su antigua ciudad medieval fueron devastadas por incendios y guerras. Riga resurgió como importante centro económico en el siglo XIX, y con el nuevo florecer de la ciudad también despertó su arquitectura en torno al antiguo casco medieval, conformando su actual centro histórico. Las primeras edificaciones se ceñían al estilo neoclásico y a la construcción en madera, dando paso en las últimas décadas del siglo al predominio del jugendstil, convirtiendo a Riga en el más hermoso conjunto arquitectónico de art nouveau de toda Europa.

La asombrosa transformación que tuvó lugar en Riga durante estos años, producto de la bonanza económica y de su gran entusiasmo, se tradujo en una libertad creativa que se expresaba a través del arte, con bellos relieves y tallas que adornaban las estructuras de sus edificios. En este período, Letonia formaba parte de la Rusia imperial, por lo que el influjo de las nuevas corrientes modernistas y de su arquitectura art moveau no sólo afectó a los valores estéticos, sino que además contribuyó a fraguar una nueva línea de pensamiento, una corriente de libertad e independecia que perduró durante la reconstrucción de un país asolado por los conflictos tras el fin de la Primera Guerra Mundial y que finalmente convertiría a Riga en la capital de un país soberano.


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Jean-Pierre Dalbéra


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
Donald Judge


Arquitectura art nouveau en el centro histórico de Riga. Letonia
David Holt