Völkerschlachtdenkmal: El Monumento a la Batalla de las Naciones

El Völkerschlachtdenkmal integra un inmenso monumento erigido en Leipzig, Alemania, para conmemorar la victoria en el mayor enfrentamiento armado de todas las Guerras Napoleónicas, así como la batalla más importante perdida por Napoleón Bonaparte: la batalla de Leipzig, también conocida como la "Batalla de las Naciones". Una sangrienta lucha que tuvo lugar del 16 al 19 de octubre de 1813, donde las tropas de Napoleón se enfrentaron a una coalición de las naciones de Prusia, Rusia, Suecia y Austria. Se dice que este monumento fue erigido en el lugar más sangriento de la batalla, donde Napoleón vio aniquilado a su ejército. Un monumento que honra a todos aquellos que dieron su vida por la victoria, y aunque el número total de bajas es incierto, se estiman entre los 80.000 y los 100.000 fallecidos.

El Völkerschlachtdenkmal fue completado en el año 1913, coincidiendo con el centenario de la batalla. Una inauguración en la que estuvo presente el Káiser Guillermo II, así como príncipes y representantes de las casas gobernantes de Suecia, Rusia y Austria, exhibiendo al mundo esta inmensa estructura que se alza a 91 metros de altura, contando con más de quinientos escalones que ascienden hacia la plataforma superior, en la parte más alta del monumento, desde donde se contemplan unas vistas espectaculares de la ciudad y sus afueras. La estructura fue realizada en hormigón, recubierta con grandes placas de granito, considerada como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura guillermina e integrando uno de los mayores monumentos de Europa.

El Völkerschlachtdenkmal fue encargado al arquitecto Bruno Schmitz, presentándonos dos diferentes plantas. La primera integra una cripta adornada por ocho grandes estatuas de guerreros caídos, cada una de ellas próximas a otras ocho más pequeñas llamadas Totenwächter o "Guardianes de la Muerte". En el segundo piso, la Ruhmeshalle o "sala de la gloria", se pueden contemplar cuatro estatuas de 9.5 metros de altura, representando las cuatro cualidades atribuidas históricamente por los nacionalistas a los pueblos germanos: el valor, la fe, el sacrificio y la fertilidad. Rematando la estructura nos encontramos con una hermosa cúpula decorada con patrones de estilo germánico, inspirados en la escultura egipcia y asiria. Un conjunto que impresiona por sus colosales esculturas esculpidas por Christian Behrens y su aprendiz Franz Metzner, quien terminó estas enormes tallas tras la muerte de Behrens en 1905.

En la imponente fachada principal del monumento se encuentra una talla de doce metros de altura que representa al arcángel Miguel, simbolizando el espíritu guerrero que defiende a su pueblo. Situado justo enfrente al monumento, se encuentra un gran lago artificial que simboliza la sangre y las lágrimas derramadas durante este terrible conflicto. Un monumento que demuestra una impecable factura artística y que fue consagrado a la exaltación del nacionalismo y a la victoria de los pueblos germánicos, por lo que con el paso de los años y el ascenso del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, fue adoptado por los nazis debido a su caracter heroico, siendo escogido por Adolf Hitler como lugar habitual para sus discursos cuando se encontraba en Leipzig.

Tras la Segunda Guerra Mundial, durante el período comunista en la Alemania Oriental, el Gobierno de la República Democrática Alemana barajó la posibilidad de demoler el monumento, pues simbolizaba el nacionalismo del período del Imperio Alemán. Finalmente se decidió que el monumento siguiera en pie, ya que representaba también una batalla en la que rusos y alemanes combatieron juntos contra un enemigo común, representando la hermandad ruso-alemana. Ya en el año 2013 y con motivo del segundo centenario de la mítica batalla, se dio inicio a la restauración del monumento para devolverle su antiguo esplendor.


Völkerschlachtdenkmal: El Monumento a la Batalla de las Naciones. Leipzig. Alemania.
Sandeepsreevalsan

Arte Habitado VII: Las mejores fotografías de la arquitectura urbana

Continuamos con nuestra séptima entrada de "Arte Habitado", donde seleccionaremos veinte de las mejores fotografías de la arquitectura urbana. Unas imágenes que retratan las formas, reflejos, colores y ángulos del mundo que habitamos desde un punto de vista artístico.


Vista del techo del Modern Art Museum, Múnich, Alemania.
Lieven Van Melckebeke
Vista del techo del Modern Art Museum, Múnich, Alemania.



Palaeon. Schoeningen, Alemania.
Peter Samow
Palaeon. Schoeningen, Alemania.


La arquitectura en madera de la isla de Kizhí

Kizhí integra una de las muchas islas que se extienden a lo largo del lago Onega, en la República de Carelia. Una isla que presenta una longitud de apenas siete kilómetros y quinientos metros de ancho, rodeada de aproximadamente otras cinco mil islas, las cuales, en su mayoría, son muy pequeñas, aunque algunas superan los treinta y cinco kilómetros de longitud. Esta pequeña isla es célebre por sus inusuales construcciones, obra de maestros carpinteros que crearon una audaz arquitectura visionaria en armonía con el paisaje que las rodea.

El "pogost" o recinto de Kizhí alberga un asombroso conjunto de iglesias, capillas y casas construidas con madera encastrada, destacando entre ellas dos antiguos y hermosos templos erigidos en el siglo XVIII, así como un campanario octogonal, también de madera, construido en el año 1862. El pogost fue construido en la parte sur de la isla, sobre una pequeña colina que se alza unos cuatro metros por encima del nivel del lago Onega, empleando como principal material para su construcción los troncos de pino silvestre, de unos treinta centímetros de diámetro y de entre tres y cinco metros de longitud, con los que se erigieron estas estructuras sin emplear clavo alguno. Una compleja labor a la que hay que sumar el transporte de los pesados troncos desde el área continental, una tarea logística realmente complicada para la época.

Los orígenes del pogost de Kizhí datan de la Edad Media, siendo sus dos iglesias de madera ya mencionadas en crónicas del siglo XVI, posteriormente destruidas por un rayo en el año 1693 y reconstruidas en su misma ubicación. Este pogost perpetúa un antiguo modelo de parroquia que se desarrolló cuando la iglesia ortodoxa comenzó a extenderse a las regiones más septentrionales del mundo ruso, donde las pequeñas aldeas se encontraban diseminadas a lo largo de un área inmensa, por lo que era necesario que la iglesia, el cementerio y los edificios necesarios para la vida religiosa de las comunidades remotas pudiesen agruparse en un solo lugar.

Las estructuras más complejas y bellas de la isla de Kizhí son, sin lugar a dudas, la iglesia de la Transfiguración y la iglesia de la Intercesión. La iglesia de la Transfiguración, la mayor de las dos, fue concluida en el año 1722, contando con veintidós cúpulas de diferente tamaño y forma, alzándose a una altura de treinta y siete metros, integrando uno de las mayores estructuras de madera del norte de la Federación Rusa, destacando por su belleza exterior y por su hermoso iconostasio de madera dorada que alberga más de cien figuras de los siglos XVII y XVIII. Según cuenta la leyenda, la Iglesia de la Transfiguración fue construida por un maestro carpintero que empleó una única hacha, herramienta que luego lanzó simbólicamente al lago Onega mientras afirmaba que "no hubo ni habrá otra iglesia como esta". Junto a esa gran iglesia se alza otra más pequeña, la iglesia de la Intercesión, construida en el año 1764 y que presenta una estructura más simple, con una corona de ocho cúpulas que rodean los veintisiete metros de altura de su cúpula central. La razón por la que se construyeron dos iglesias tan próximas se debe al severo clima de estas regiones, pues era complicado calentar lo suficiente la iglesia de mayor tamaño para poder realizar los servicios religiosos en invierno sin que los feligreses padecieran por el intenso frío, por lo que se optó por construir otra más pequeña. Debido a ello, la iglesia de la Transfiguración, de mayor tamaño, es conocida como la iglesia de verano, mientras la iglesia de la Intercesión, más pequeña, es conocida como la iglesia de invierno.

En el año 1990, el pogost de Kizhí fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, reconociendo el valor histórico y cultural de estas impresionantes estructuras erigidas en madera de pino y álamo que permanecen en pie desde hace casi trescientos años, ubicadas en el corazón de un paisaje inusual, en una pequeña isla lacustre donde el cielo se refleja en las aguas cristalinas que la circundan. Una isla que acoge unas sorprendentes estructuras que fueron erigidas por maestros artesanos de nombres desconocidos a día de hoy, pero que han dejado como legado estos excepcionales ejemplos de la arquitectura tradicional en madera de Karelia, representantivas de la antigua arquitectura del norte de Rusia y de las regiones escandinavas.


Kizhí pogost. República de Carelia.
John Menard


Kizhí pogost. República de Carelia.
Eloquent Light


Kizhí pogost. República de Carelia.
Eloquent Light

Los Jardines clásicos de Suzhou

Existe un proverbio chino que reza: "En el cielo está el paraíso y en la tierra están Suzhou y Hangzhou", pues la ciudad de Suzhou es una de las más bellas de China, situada en la parte baja del río Yangtsé, a orillas del lago Taihu. Una ciudad conocida como la "Venecia del Este", debido a los canales de agua que recorren la ciudad y que pueden ser transitados en barca, siendo una de las urbes más visitadas de China gracias a sus hermosos puentes de piedra, sus majestuosas pagodas y sus impresionantes jardines clásicos, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 1997. Pues Suzhou, es la ciudad de China que más jardines conserva, sumando más de cincuenta en esta histórica ciudad. De entre todos ellos, existen nueve que están considerados como las mejores realizaciones de jardines chinos que recrean entornos de agua y montaña. Recorriendo estos jardines, entre rocas, estanques, pabellones y frondosa vegetación, podemos contemplar el arte paisají­stico clásico de China a través de estos paisajes naturales en miniatura. Unos jardines que fueron acondicionados entre los siglos XI y XIX, integrando obras maestras del paisajismo que nos demuestran la trascendencia metafí­sica que posee la belleza de la naturaleza en la cultura china.

La mayoría de estos nueve jardines pertenecían a casas particulares, destacando entre ellos el Jardín del administrador humilde, que se extiende a través de casi cinco hectáreas y que pertenecía a un alto funcionario que lo construyó durante la dinastía Ming, el Jardín del maestro de redes, que fue construido durante la dinastía Song y restaurado en el siglo XVIII, o el Pabellón de las olas azules, erigido a mediados del siglo XI, rodeado por un foso de agua que lo aisla de las calles y en cuyo interior se encuentra el Templo de los Quinientos Sabios, en el que están esculpidas casi seiscientas imágenes que representan la historia de Suzhou.

Unos jardines que nos recuerdan a antiguas pinturas de paisajes tradicionales chinos, destacando por su profunda fusión entre la exquisita artesanía, la elegancia artística y sus ricas implicaciones culturales. Unos espacios donde los antiguos intelectuales chinos armonizaron la poesía estética de los paisajes naturales con la reclusión de la vida urbana, que limita nuestros espacios, por lo que los jardines de Suzhou pretenden ser un microcosmos del mundo natural, incorporando elementos básicos como el agua, las rocas o la flora, además de diversos tipos de pabellones de importancia literaria y poética. Unos exquisitos jardines que son el testimonio de la habilidad de los maestros de la región oriental del delta del Yangtze, que terminaron por ejercer una profunda influencia en la evolución del arte paisajístico oriental y occidental.


Jardín del administrador humilde. Jardines clásicos de Suzhou. China.
Roger Hsu


Jardín del maestro de redes. Jardines clásicos de Suzhou. China.
Caitriana Nicholson


Jardín del maestro de redes. Jardines clásicos de Suzhou. China.
Caitriana Nicholson